– El padre Clemente Morales Topete permaneció tres días secuestrado, fue golpeado y sufrió quemaduras graves. El obispo Jesús José Herrera Quiñónez desmintió la aparente tranquilidad de los primeros reportes oficiales y cuestionó una estrategia de seguridad incapaz de devolverle la paz a Sinaloa.

México. – Tres días de cautiverio, golpes, quemaduras graves y amenazas constantes de muerte: así sobrevivió el sacerdote Clemente Morales Topete a la violencia que azota Culiacán. El párroco de Cristo Resucitado, de 67 años, desapareció el 24 de octubre de 2026 después de acudir a una consulta médica y fue liberado el martes 27, tras permanecer retenido por desconocidos que lo trasladaron a un sitio no identificado.

Durante su cautiverio, sus agresores le exigieron información que, según la Diócesis, desconocía, mientras lo sometían a violencia física y psicológica.

El obispo Jesús José Herrera Quiñónez confirmó el 1 de noviembre que el sacerdote regresó por sus propios medios, con múltiples lesiones y quemaduras que obligaron a trasladarlo a una clínica.

Aunque su vida no corría peligro inmediato, continúa bajo observación médica y enfrenta una recuperación prolongada.

Primero apareció «sano y salvo» en la versión difundida por las autoridades; después se conoció que había sido golpeado, quemado y amenazado de muerte.

El 27 de octubre, la Secretaría de Seguridad Pública de Sinaloa informó sobre la localización del sacerdote utilizando una expresión que no reflejaba la gravedad de las lesiones reveladas posteriormente.

Tres días después, la fiscal general Claudia Zulema Sánchez Kondo confirmó que el religioso presentaba heridas corporales y que había declarado ante el Ministerio Público. Finalmente, la Diócesis documentó las quemaduras graves y las afectaciones emocionales.

El obispo Jesús José Herrera Quiñónez puso el dedo en una de las contradicciones más graves de la crisis de seguridad: los operativos continúan, pero las familias siguen sufriendo desapariciones, asesinatos y secuestros.

En su carta circular del 1 de noviembre, el jerarca católico advirtió que, después de más de dos años de violencia, los esfuerzos institucionales han sido insuficientes para devolver la tranquilidad a Culiacán. Su reclamo fue contundente: no bastan discursos ni estadísticas cuando la población continúa viviendo con miedo.

La Diócesis exigió reforzar la prevención del delito, la búsqueda de desaparecidos, la procuración de justicia y la atención integral a las víctimas, al tiempo que reconoció la intervención de las corporaciones de seguridad.

El caso de Clemente Morales deja una exigencia concreta para las autoridades de Sinaloa y el gobierno federal: no basta celebrar que una víctima apareció con vida cuando todavía falta esclarecer quién la secuestró, quién la torturó y por qué pudo hacerlo durante tres días.

Mientras esas preguntas permanezcan abiertas, el regreso del sacerdote será una noticia de supervivencia, pero no una historia de justicia.

Agencia ANSIC.MX