Con 30 años de historia, el CNI es un espacio fundamental para la organización y resistencia de las comunidades indígenas frente a amenazas históricas y actuales.

El Congreso Nacional Indígena (CNI) es una coalición que agrupa a decenas de etnias y pueblos originarios en México, consolidándose durante 30 años como un espacio clave para la organización y defensa indígena. Desde hace seis años, sus oficinas se encuentran en las instalaciones del Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas en Ciudad de México, lugar que fue tomado simbólicamente por la comunidad otomí. Este espacio, antes un centro institucional del gobierno, ahora funciona como el principal lugar de reunión para delegados que debaten y toman decisiones sobre la defensa de sus derechos y territorios.

El origen del CNI está ligado a la desilusión tras las negociaciones en 1996 entre el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y el gobierno del presidente Ernesto Zedillo, donde se prometió autonomía plena que finalmente no se cumplió. En respuesta a la violencia militar y paramilitar durante ese periodo, el CNI nació firmemente comprometido con la protección de los derechos ancestrales indígenas.

Hoy, los líderes indígenas enfrentan un dilema: algunos optan por aceptar recursos limitados y cargos públicos, mientras otros mantienen una postura firme en la defensa inquebrantable de sus derechos y costumbres, inspirados por el ejemplo zapatista.

La defensa de tierras y recursos naturales pone a estos líderes en riesgo constante ante grupos violentos como sicarios, paramilitares y autoridades corruptas, lo que ha provocado asesinatos y desplazamientos. Un símbolo de esta lucha es el renombramiento del Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas como Espacio Samir Flores, en honor a un líder campesino asesinado por oponerse a proyectos industriales en su territorio.

Además, eventos trágicos como la desaparición de 46 estudiantes de Ayotzinapa y la masacre de Acteal siguen presentes en la memoria colectiva, recordando la violencia sufrida con la complicidad de autoridades.

Desde 1996, la reforma prometida de la Ley General de Derechos de los Pueblos Indígenas permanece estancada, mientras aumentan las confrontaciones debido al despojo de tierras, la expansión minera y megaproyectos que afectan al medio ambiente y comunidades. Las presiones de grandes empresas han congelado la legislación, profundizando la desconfianza indígena hacia el gobierno.

En las asambleas del CNI, la emoción y la resistencia se reflejan en las consignas por justicia y memoria. Mujeres indígenas juegan un papel esencial, llamando a seguir luchando contra la violencia, el narcotráfico y el saqueo territorial.

Las actividades concluyen con la tradicional olla comunitaria y cantos ancestrales, expresiones culturales que reflejan la fuerza y persistencia de estos pueblos frente a las adversidades.