– En una década, las metanfetaminas pasaron de representar el 9.5% al 49.1% de las solicitudes de atención por consumo de sustancias.
MÉXICO. – El país enfrenta una transformación preocupante en su panorama de consumo de drogas. Las metanfetaminas, conocidas popularmente como cristal, han ganado terreno hasta convertirse en la principal sustancia por la que las personas solicitan tratamiento especializado, mientras los datos poblacionales muestran una expansión significativa del contacto con estimulantes sintéticos durante los últimos años.
La magnitud del fenómeno queda reflejada en los registros de la Secretaría de Salud: entre 2013 y 2023, la proporción de personas que buscaron tratamiento y señalaron las metanfetaminas como su principal droga de impacto pasó de 9.5% a 49.1%. El incremento relativo supera el 400% y evidencia una transformación de las necesidades de atención médica, psicológica y social relacionadas con las adicciones.
Las cifras no significan que el consumo de metanfetaminas haya aumentado en la misma proporción entre todos los mexicanos. El indicador corresponde a personas que acudieron a servicios especializados. No obstante, su evolución constituye una señal de alerta sobre el peso creciente de las drogas sintéticas en los problemas de salud asociados al consumo de sustancias.
La Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco (ENCODAT) 2025 confirma que esta tendencia también se refleja en la población general. Entre 2016 y 2025, el número estimado de personas de 12 a 65 años que declararon haber probado alguna vez estimulantes de tipo anfetamínico pasó de 743 mil 437 a un millón 375 mil 344. Esto representa un incremento cercano al 85% en nueve años.
El fenómeno ha modificado las características de la atención a las adicciones. Durante 2023, los servicios especializados registraron 179 mil 342 personas que buscaron tratamiento por consumo de distintas sustancias. Cerca de la mitad de las solicitudes estuvieron vinculadas principalmente con metanfetaminas, desplazando al alcohol y a otras drogas que anteriormente concentraban buena parte de la demanda de atención.
La expansión de estas sustancias representa un desafío sanitario por sus posibles efectos sobre el sistema nervioso central, la salud cardiovascular y la estabilidad emocional. Su consumo problemático puede asociarse con dependencia, alteraciones del sueño, ansiedad, episodios psicóticos y deterioro de las relaciones familiares y sociales, aunque los daños y su gravedad dependen de los patrones de uso y de las condiciones individuales.
El problema tampoco se distribuye de manera uniforme entre los distintos grupos de población. La ENCODAT identificó un aumento del consumo alguna vez en la vida entre adultos, mientras que los datos correspondientes a adolescentes no mostraron un crecimiento equivalente. Esta diferencia obliga a diseñar políticas de prevención basadas en evidencia, con intervenciones específicas para las poblaciones más expuestas.
La dimensión internacional del fenómeno añade presión. La Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito ha advertido sobre la expansión del mercado mundial de metanfetaminas, una sustancia cuya producción clandestina y circulación internacional plantean retos tanto para las autoridades sanitarias como para las instituciones encargadas de combatir las redes del narcotráfico.
Pero el crecimiento de los mercados de drogas sintéticas no puede abordarse exclusivamente mediante decomisos, operativos y detenciones. La demanda de tratamiento registrada en México pone sobre la mesa otra dimensión del problema: la necesidad de garantizar servicios oportunos, profesionales y accesibles para quienes presentan trastornos relacionados con el consumo de sustancias.
En ese contexto, organizaciones de la sociedad civil han comenzado a impulsar alternativas basadas en información científica, acompañamiento comunitario y reducción de daños. Entre ellas figura Transparente A. C., que trabaja con personas consumidoras de cristal y busca enfrentar el estigma que frecuentemente dificulta reconocer un problema y solicitar ayuda.
La discusión de fondo apunta a la capacidad de respuesta de las instituciones. Mientras la demanda de atención por metanfetaminas ha crecido de manera sostenida, resulta indispensable conocer si la cobertura territorial, el presupuesto, el personal especializado y los programas públicos han evolucionado en proporción a las necesidades detectadas.
México dispone de indicadores suficientes para reconocer que el consumo de metanfetaminas dejó de ser un asunto marginal dentro de la política nacional de drogas. El desafío ahora consiste en traducir esa información en prevención efectiva, atención integral y estrategias de salud pública que no confundan a las personas que necesitan ayuda con las organizaciones criminales que controlan los mercados ilícitos.
La advertencia que dejan las estadísticas es contundente: la expansión de las metanfetaminas no solo debe medirse por las cantidades decomisadas o las redes de distribución desmanteladas, sino por su impacto en la salud de la población y por la capacidad del Estado para atenderlo antes de que sus consecuencias sean todavía mayores.
Agencia ANSIC.MX
