Las investigaciones de Alejandra del Rocío Guillén González describen captación mediante empleos falsos, videojuegos y secuestros. Sus señalamientos cuestionan la respuesta institucional y la clasificación de desapariciones como ausencias voluntarias.
El reclutamiento forzado atribuido al Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) combina ofertas falsas de empleo, captación digital y secuestros, de acuerdo con las investigaciones de la periodista y académica del ITESO Alejandra del Rocío Guillén González. Sus hallazgos señalan una falla institucional especialmente grave: la clasificación de algunas desapariciones como ausencias voluntarias porque las víctimas abordaron transportes por su cuenta, aunque lo hicieron bajo engaños.
Subir a un vehículo no equivale a consentir el destino ni las condiciones impuestas después. Frente a esa clasificación, el trabajo de Guillén obliga a preguntar: ¿cómo distinguen las autoridades una decisión libre de un traslado inducido mediante una oferta laboral falsa? La cuestión resulta central para no borrar el engaño del análisis de una desaparición.
Guillén plantea que el reclutamiento responde a una lógica de acumulación de capital y control territorial, no únicamente a disputas entre grupos criminales. Su análisis describe una estructura que demanda personal para vigilancia, producción de estupefacientes, funciones operativas y entrenamiento armado; también vincula la mortalidad entre sus integrantes con una necesidad permanente de reemplazos humanos.
Las investigaciones identifican más de una década de evolución en los mecanismos de captación. Entre ellos figuran vacantes ficticias de guardias de seguridad privada, escoltas, encuestadores y choferes, difundidas mediante Facebook, WhatsApp y páginas de empleo informal, con promesas de salarios superiores al promedio del mercado, hospedaje y viáticos para trasladarse a municipios alejados de zonas urbanas.
El material también advierte sobre contactos en videojuegos en línea y chats grupales dirigidos a niños y adolescentes desde los 13 años. Según el análisis, estos mecanismos explotan la vulnerabilidad emocional, el sentido de pertenencia y la experiencia en simulación bélica. La captación digital no sustituye la coacción directa: en la Región Valles, incluido Tala, Jalisco, se describen secuestros de jóvenes y campesinos en trayectos y espacios públicos.
El reportaje El regreso del infierno. Los desaparecidos que están vivos, elaborado con Diego Petersen, y las publicaciones de Guillén para El Colegio de Michoacán/CIESAS describen centros de entrenamiento en ranchos y zonas serranas de difícil acceso, como Tala o Teuchitlán, Jalisco. Los testimonios citados por la investigadora refieren el despojo de celulares y pertenencias, así como asesinatos de reclutados que intentaban retirarse o mostraban insubordinación, cometidos frente a los demás para imponer terror e impedir fugas.
La salida de esos centros tampoco garantiza protección, según los señalamientos de Guillén. La investigadora advierte sobre la falta de mecanismos estatales de protección y reintegración para quienes escapan, así como sobre la ausencia de protocolos de alerta temprana contra empresas y perfiles falsos de reclutamiento en internet.
Estos señalamientos colocan la respuesta pública bajo escrutinio: ¿cómo se detectan las ofertas fraudulentas antes del traslado y qué protección reciben quienes consiguen escapar? Si el engaño puede terminar registrado como ausencia voluntaria, ¿qué mecanismos permiten reconocer la coacción y evitar que esa clasificación invisibilice la desaparición?
