La respuesta china a Ronald Johnson coloca bajo escrutinio el mercado estadounidense de drogas y armas. Las acusaciones cruzadas también dejan sin demostrar las intenciones que ambas potencias atribuyen a su rival.

México.- La Embajada de China en México rechazó las declaraciones del embajador Ronald Johnson sobre un supuesto interés de Pekín en la inseguridad mexicana y acusó a Estados Unidos de contribuir al sostenimiento de los cárteles mediante su demanda de drogas y el flujo de armas y dinero. El choque abre una pregunta incómoda para Washington: ¿cómo exige responsabilidades a otra potencia sin responder por los flujos procedentes de su propio territorio?

Johnson afirmó el 28 de octubre, durante la Conferencia de Inversionistas Globales del Instituto Milken, que a China le convendría mantener a México en condiciones de inseguridad. También sostuvo que estaría dispuesta a subsidiar empresas deficitarias para generar dependencia económica.

La representación china calificó esos señalamientos como acusaciones infundadas dirigidas a deteriorar sus relaciones con México. En una respuesta difundida por WeChat y recogida por medios internacionales el 29 de octubre, sostuvo que la demanda estadounidense de drogas genera enormes beneficios para los cárteles, mientras el tráfico ilegal de armas y el dinero procedentes del norte contribuyen a sostener la violencia criminal.

El señalamiento sobre las armas tiene un referente documental, aunque su alcance exige precisión. Según el informe de la Oficina de Rendición de Cuentas del Gobierno de Estados Unidos (GAO), publicado en septiembre de 2026, de 122 mil 84 armas recuperadas en México y sometidas a rastreo entre 2020 y 2024, 82 mil 785, equivalentes al 68 %, tenían origen estadounidense.

Ese porcentaje no corresponde a todas las armas ilegales existentes en México, sino al conjunto recuperado y sometido a rastreo. El organismo también registró el decomiso de 4 mil 944 armas destinadas a México en cruces terrestres fronterizos entre 2020 y 2025 y advirtió deficiencias en la información y evaluación de las acciones federales contra ese tráfico.

Los datos documentan la procedencia estadounidense de una parte sustancial de las armas rastreadas; no prueban por sí solos todas las acusaciones de Pekín. Tampoco eximen al Estado mexicano de combatir la corrupción, el tráfico de armas y las redes criminales dentro de sus fronteras.

La confrontación también tiene un frente comercial. La Embajada china acusó a funcionarios estadounidenses de desacreditar sus inversiones mientras promueven negocios energéticos de compañías de su país y ejercen presiones políticas para excluir competidores. Johnson defendió una integración más profunda de Norteamérica y cuestionó las intenciones de las empresas chinas que buscan instalarse cerca de Estados Unidos.

Ninguna de las dos potencias presentó pruebas suficientes para demostrar todas las intenciones que atribuye a su adversaria. Frente a esa insuficiencia, el intercambio deja una exigencia pendiente: ¿qué compromisos verificables ofrecen Washington y Pekín para que la seguridad y las decisiones económicas de México no queden subordinadas a su rivalidad?

Agencia ANSIC.MX